México aún es firme socio de EU a pesar de amenazas

Los golpes arancelarios de Donald Trump han aletargado la inversión en México, además de reducir el flujo de remesas y las expectativas de crecimiento. Paradójicamente, en un contexto global en el que Estados Unidos golpea a discreción en términos comerciales, México se ha convertido en el principal socio de su vecino, con una de las tasas efectivas de aranceles más bajas, explicaron especialistas.

A un año del inicio del segundo mandato del republicano, el intercambio de mercancías se afianzó, pero la inversión cayó 7.4 por ciento anual hasta octubre pasado y han disminuido los flujos de divisas vía remesas, al tiempo que el Fondo Monetario Internacional redujo en casi un punto porcentual su estimado de crecimiento para el país a lo largo de ese año, de 1.5 a 0.6 por ciento.

El organismo atribuyó los bandazos en sus previsiones de crecimiento –no sólo para México, sino para todo el mundo– a la incertidumbre comercial generada por la administración Trump. La semana antepasada, tanto el Banco Mundial como la Organización de Naciones Unidas destacaron en sus previsiones de crecimiento que la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), cuya conclusión está prevista para el primero de julio, seguirá afectando la inversión y el comercio en la economía nacional.

Rodolfo Ostolaza, subdirector de Estudios Económicos de Banamex, sostuvo que la política arancelaria de Donald Trump ha convertido a México en “ganador inesperado” y le ha dado una “ventaja relativa”: aranceles efectivos más bajos que otros países, lo que ha fortalecido el sector externo del país y permitió crecimiento el año pasado, así sea mínimo. Esto compensó un sector interno deprimido por la caída del gasto público –que impactó la inversión–, el estancamiento del consumo y la incertidumbre generada por las reformas internas.

A septiembre de 2025, aproximadamente 86 por ciento de las importaciones estadunidenses desde Canadá y México cumplían con las reglas del T-MEC, en comparación con los promedios de 2023 y 2024, de 38 y 49 por ciento, respectivamente. Como resultado, pese a los aranceles de la sección 232 al acero, el aluminio, los automóviles y otros productos, la tasa efectiva para los principales socios comerciales de Estados Unidos es menor a 5 por ciento, de acuerdo con un estudio de Oxford Economics.

Hasta octubre del año pasado, la participación mexicana en el comercio estadunidense alcanzó 15.57 por ciento, por encima de Canadá y China. “La cercanía geográfica y la confiabilidad en las empresas mexicanas que son proveedoras de la economía de Estados Unidos han llevado a que México se afiance como el primer socio comercial”, agregó Jorge Molina Larrondo, consultor especialista en comercio internacional.

El tratado como garrote

La revisión del T-MEC será el instrumento del que echará mano la administración Trump para obtener más concesiones de sus principales socios comerciales y de cualquier país en el que tenga algún interés, apuntó Larrondo.

Esta instrumentalización del T-MEC como garrote contra Canadá y México tiene su origen en que “el gobierno de Estados Unidos se siente vulnerable frente a la competencia comercial que implica China; de ahí la necesidad de asegurar su zona de influencia. La forma de garantizarla es un instrumento como el T-MEC, que ahora ha pasado a ser un medio de coerción que lo mismo incluye objetivos políticos, diplomáticos y de seguridad nacional”, explicó Rocío Méndez Bautista, investigadora y académica de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Sin embargo, Estados Unidos ha subestimado la respuesta de otras economías, expuso Larrondo. Actualmente China es el principal socio comercial de los 10 países de América del Sur, de la mayoría de Centroamérica, y ocupa el segundo lugar en México y Canadá.

Méndez Bautista sostuvo que si bien México ha sorteado de manera relativamente exitosa los amagos arancelarios de la administración Trump y se ha vuelto su principal socio, no puede alinearse del todo a su agenda y marginar sus relaciones comerciales con Asia, en particular con China. Eso “pondría en más problemas a la economía del país porque la principal industria mexicana, la manufacturera, tiene una gran dependencia de la proveeduría china”, apuntó la investigadora.

Los escenarios para la revisión del T-MEC se pueden resumir en tres: que el acuerdo se extienda como está, con los aranceles adicionales impuestos por Estados Unidos; que se adicionen regulaciones sobre inteligencia artificial, energía, semiconductores, minerales críticos (incluidos las tierras raras), propiedad intelectual y cambios en las reglas de origen para incrementar el contenido regional y disminuir el de Asia, además de temas no relacionados que Washington usará a fin de presionar a Canadá y México para obtener más concesiones.

El tercer escenario, “el peor”, es que Estados Unidos dé un manotazo y se decida por acuerdos bilaterales, lo que restaría capacidad de negociación tanto a México como a Canadá.

No se prevé una salida del acuerdo, porque Trump podrá decir que el T-MEC es irrelevante, pero en los hechos no lo es, sostuvieron los especialistas. Más allá de su beneficio para empresarios, es útil para los consumidores estadunidenses, al contener los precios, y “la inflación es un tema que quita presidentes”, sostuvo Ostolaza.

¿Qué vendrá de aquí al primero de julio, cuando los tres países decidan si se mantienen en el acuerdo comercial? Incertidumbre, más de lo mismo y la ley del más fuerte, dijeron por separado los especialistas.

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