La columna

  • La pandemia que “domamos”… no ha dejado de matarnos.
  • Nuevo Secretario de Salud: dura prueba para Corral.

 

México continúa padeciendo los estragos del coronavirus. Hoy, a principios de agosto, tres meses después de que el presidente Andrés Manuel López Obrador, de manera más mediática que técnica, y sin fundamentos, dijera que habíamos “domado” a la pandemia, ésta nos mantiene subyugados. En aquél tiempo la cifra de defunciones se situaba entre 6 mil y 8 mil vidas humanas perdidas por el virus, ahora hemos rebasado 52 mil muertes y dicha estadística mortal nos coloca en tercer lugar mundial, solo por debajo de Estados Unidos y Brasil. Varias y frecuentes han sido las críticas que la Organización Mundial de la Salud, así como diversos expertos médicos e investigadores, han hecho al Gobierno de México, por su deficiente y opaco manejo de la pandemia.

Como errática, o improvisada, podría calificarse la estrategia seguida por el Gobierno de la República ante la crisis de salud. México jamás ha aplicado la cantidad de pruebas necesarias que los protocolos internacionales sugieren para la detección de contagios y prevención de su propagación. Tal vez se habrían salvado miles de vidas si el gobierno de nuestro país le hubiera dado la debida atención a la emergencia. Incluso, durante los primeros meses de la pandemia el presidente López Obrador llegó a declarar públicamente que ésta “nos vino… como anillo al dedo”, levantando numerosas controversias y censuras.

Ahora, a pesar de estar entre los tres países con mayor número de muertes, el mandatario mexicano ha dicho que “en el concierto de las naciones afectadas en la pandemia nosotros no hemos sido tan golpeados” (¿?), sin embargo, el Subsecretario de Salud, del Gobierno Federal, Hugo López Gatell, ha anunciado un plan B, para la atención del problema, y ha expresado que esto no significa un “arrepentimiento de lo ya vivido”. Es cierto que el presidente -y su gobierno- puede declarar lo que desde su perspectiva él vea, o le convenga; pero también es verdad que en la inexorable realidad los mexicanos vemos cada día que la pandemia que “domamos” y “nos vino como anillo al dedo” no ha dejado de matarnos.

No ha cesado el malestar generado entre la comunidad médica del sector burocrático chihuahuense por el nombramiento como responsable de la salud otorgado a un profesional ajeno a esa área. El gobernador Javier Corral jamás pensó que el costo de quebrantar su promesa de campaña sería tan elevado. Hoy es presionado por cientos de médicos y enfermeras que a través de una carta pública le exigen que coloque a un galeno en la titularidad de esa Secretaría, tal como lo ofreciera en sus tiempos de candidato. También se ve constreñido el mandatario por los medios de comunicación, que han puesto a la ciudadanía en conocimiento de los hechos.

Las probabilidades de que el gobernador cambie de parecer son pocas realmente, tomando en cuenta su manera personal de actuar. Tal vez Corral revocaría el nombramiento de Secretario de Salud hecho a favor de Eduardo Fernández, solo en el caso de que la magnitud de las protestas e inconformidades del gremio médico llegara a representar un deterioro mayor para la frágil imagen de su gobierno. El nombramiento de Fernández podría significar para Corral una dura prueba.

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