Alicia Bárcena, de la Cepal: AMLO va por un cambio profundo; hay que darle tiempo

BOGOTÁ (Proceso).- La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ajustó a la baja la proyección de crecimiento de la economía mexicana para este año: la fijó en un modesto 1.0%, la mitad de lo estimado por el presidente Andrés Manuel López Obrador: 2.0%.

En un reporte presentado el 31 de julio la Cepal señaló que México enfrenta un periodo de “incertidumbre económica nacional e internacional”, y añadió que para impulsar el crecimiento de mediano y largo plazos el país debe revertir la tendencia decreciente de la inversión y “garantizar un marco macroeconómico de estabilidad y certidumbre”.

Ese es el diagnóstico de coyuntura de un organismo que tiene una ­tradición de defensa de la economía social de mercado y que suele estar lejos de la ortodoxia económica que caracteriza a otras instituciones multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.

De hecho, en una visión de largo plazo, la Cepal respalda la agenda de cambios del presidente mexicano.

Y lo hace porque, según dice a ­Proceso la secretaria ejecutiva de la Cepal, la mexicana Alicia Bárcena, López Obrador desarrolla un proceso de “profunda transformación del modelo económico” que es “sumamente importante” para el país.

Sin embargo, asegura, hay que dar al mandatario “el tiempo suficiente” para que los cambios produzcan resultados y generen crecimiento.

De acuerdo con Bárcena, lo que se observa en México es un cambio de estrategia que, desde su punto de vista y el de la Cepal, “tiene prospectos positivos”.

La bióloga y ecóloga de la UNAM y maestra en administración pública por la Universidad de Harvard reconoce que “efectivamente, un cambio de modelo económico tiene un cierto costo, y es lo que estamos viviendo hoy”.

La economía mexicana no está en recesión, pero sí estancada. Durante el primer trimestre de este año el PIB se contrajo 0.2% y en el segundo trimestre creció 0.1%, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

La Cepal atribuye la desaceleración a la caída de la inversión y del consumo, a los retrasos en la ejecución del presupuesto público, a la toma de vías férreas por parte de maestros en enero, a las huelgas en las maquiladoras y a la cancelación de la construcción del aeropuerto internacional de la Ciudad de México en Texcoco. También lo atribuye a factores externos, como la desaceleración de la economía estadunidense y la incertidumbre financiera vinculada a las tensiones comerciales globales, entre ellas la amenaza de Washington de imponer aranceles a las importaciones provenientes de México por el tema migratorio.

Rezagos estructurales

Las previsiones de la economía mexicana que hace la Cepal difieren de las ­proyecciones hechas por López Obrador, pero la secretaria ejecutiva del organismo regional, con sede en Santiago de Chile, considera que la compleja coyuntura se comenzó a gestar en gobiernos anteriores.

“Hay que entender”, dice, “que la desaceleración económica mexicana se asocia a muchos aspectos estructurales históricos, como, por ejemplo, la situación de Pemex o el tema del espacio fiscal, que no comenzaron ahora ni con este gobierno”.

En entrevista telefónica, Bárcena señala que el enorme endeudamiento de Pemex –de 106 mil millones de dólares– comenzó en 2005, durante el gobierno del panista Vicente Fox, y llegó a sus más altos niveles históricos en 2015, en el del priista Enrique Peña Nieto.

Y lo que el gobierno de López Obrador intenta, agrega, es hacer una transformación profunda en sectores estratégicos, como el energético, con Pemex a la cabeza, que en los últimos meses ha sido sometida a un plan de rescate y a la que se le ha disminuido la carga tributaria.

Estas medidas han sido consideradas insuficientes por los inversionistas y en los mercados internacionales. Las calificadoras Fitch Ratings y Moody’s modificaron la perspectiva crediticia de Pemex de estable a negativa, y Standard & Poor’s hizo lo mismo con la deuda soberana del gobierno federal por la situación financiera de la petrolera estatal.

–Los empresarios –se le plantea a Bárcena– se quejan de que no hay políticas que incentiven la inversión, la misma Cepal baja las perspectivas de crecimiento, las calificadoras bajan sus notas a la deuda mexicana. ¿Por qué se dan estas reacciones a las transformaciones que plantea el presidente?

–No me quiero meter a calificar a nadie, pero sí le puedo decir que hay que hacer un análisis a escala global de las agencias calificadoras, porque le dan grandes ratings a Grecia (cuya deuda equivale a 180% del PIB) y entonces hay que mirar todo con objetividad. México tiene un indicador de riesgo soberano por debajo del promedio de la región (329 puntos contra 527).

–Respecto a la relación de López Obrador con los empresarios, ¿qué puede usted decir?

–Creo que eso se lo tiene que preguntar a Alfonso Romo, que es el encargado en las relaciones del presidente con el sector privado. Obviamente hay un cambio en el modelo de negocios, en las reglas del juego, pero creo que el sector privado está claramente viendo oportunidades de inversión en muchos estados y francamente no siento que haya una gran confrontación.

El toro por los cuernos

La secretaria ejecutiva de la Cepal valora la decisión de López Obrador de buscar el saneamiento de Pemex y de apostar por la recuperación de la principal fuente de ingresos del gobierno federal.

“Que el presidente haya dicho: ‘Yo voy a tomar el tema de Pemex y lo voy a reorientar’, me parece muy importante, porque es uno de los sectores estratégicos del país y él lo que está haciendo es tomar el toro por los cuernos al decidir disminuir la deuda (de la empresa), que equivale a cerca de 8% del PIB de México”, señala.

Éstos, dice Bárcena, “son cambios significativos en las reglas de juego, pero creo que de eso se trata la Cuarta Transformación”.

Sobre las grandes obras anunciadas por el gobierno, como la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía, apunta que esas nuevas inversiones comenzarán a tener efectos positivos para la economía en 2020.

Bárcena –quien el mes pasado cumplió 11 años al frente de la Cepal y es la primera mujer en dirigir ese organismo de la ONU– se presenta en su cuenta de Twitter como una mujer “comprometida con la igualdad”.

A finales de los setenta y principios de los ochenta ella era una bióloga que se dedicaba a interpretar códices mayas en Yucatán. En 1982 ingresó al sector público como subsecretaria de Ecología en el gobierno de Miguel de la Madrid y desde entonces asumió la política pública como su área de especialidad.

En mayo del año pasado López Obrador, entonces candidato presidencial, dijo que designaría a Bárcena embajadora de México ante la ONU. Ella respondió que su deber era garantizar la neutralidad de la Cepal ante cualquier proceso electoral.

En diciembre pasado, el ya presidente López Obrador y los mandatarios de El Salvador (Salvador Sánchez Cerén), Guatemala (Jimmy Morales) y Honduras (Juan Orlando Hernández) le encomendaron a la Cepal la elaboración de un programa de desarrollo regional integral, el cual fue presentado en mayo último por Bárcena.

La secretaria ejecutiva de la Cepal cree que la orientación social del gobierno de López Obrador “es muy clara” y que el mandatario quiere atender a las poblaciones más vulnerables de México. Esa premisa, asegura, es la base de la reorientación del modelo económico de México, lo que está en sintonía con la estrategia de crecimiento con equidad que ha impulsado el organismo regional desde hace años.

Dice que López Obrador lleva apenas ocho meses de gobierno y “es importante entender lo que está intentado hacer”.

–¿Cree que las transformaciones que está haciendo López Obrador van en la dirección correcta? –se le pregunta.

–Muchas de ellas sí. Por supuesto. ­Entre 2014 y 2018 la producción de hidrocarburos cayó 43.12% y en el primer trimestre de 2019 la caída fue de 10.2%. Esto es una situación que se viene arrastrando y que el presidente decidió enfrentar.

México, dice, tampoco es ajeno a la desaceleración económica que afecta a 17 de las 20 naciones de la región, las cuales, en promedio, crecerán 0.5% este año, según estima la Cepal, la mitad de lo que proyecta el organismo para la economía mexicana. “Hay un contexto internacional de bastante incertidumbre”, afirma.

Considera que ante la desaceleración, el gobierno tomó una medida correcta al anunciar, el 31 de julio, un paquete de estímulos por 485 mil millones de pesos, unos 25 mil millones de dólares, que se orientarán a las pymes, a la construcción de vivienda, a proyectos de infraestructura y a financiar a los proveedores del gobierno federal.

“Creo que esto va a estimular la economía de forma importante. Quizá no se va a notar de inmediato; va a tomar tiempo, pero sin duda se va a reflejar a lo largo del sexenio y sobre todo el próximo año”, asegura.

Y dice que otro factor que tendrá un efecto positivo en las finanzas mexicanas es la reducción de 25 puntos básicos, adoptada la semana anterior, en las tasas de interés de la Reserva Federal de ­Estados Unidos, lo que “alienta la posibilidad de una política monetaria expansiva que pueda estimular el crédito”.

Austeridad republicana

Una de las críticas más insistentes que le han hecho desde diferentes sectores a la política económica de López Obrador es la llamada “asfixia presupuestal” a la que se ha sometido al sector público con un plan de austeridad que, incluso para economistas afines al mandatario, ha sido aplicado “a rajatabla” y sin importar que afecte la seguridad social.

Bárcena dice que el paquete de estímulos anunciado la semana pasada apunta a remediar esa situación, la cual, indica, es habitual que se produzca al inicio de cualquier administración. Y sostiene que el gobierno de la Cuarta Transformación no es el único en el mundo que busca generar ahorros por la vía del combate a la corrupción.

“Me parece muy valioso lo que está haciendo López Obrador en este sentido, porque lo que está afectando es la corrupción; lo que él intenta desmantelar en México es la cultura de los privilegios y la corrupción.”

Agrega que tiene la impresión de que ese esfuerzo “nadie lo está destacando” y cree “que hay que destacarlo porque, en verdad, reducir la corrupción y generar ahorro es invaluable”.

–¿Un combate profundo a la corrupción debería tener un impacto positivo en el crecimiento económico de México? –pregunta el reportero.

–¡Por supuesto! Imagínese aumentar la confianza de los mexicanos, de los inversionistas, que ya no van a tener que estar pagando “mordidas”. Perdón, creo de verdad que tenemos que rescatar esas ideas, porque yo coincido con el presidente López Obrador: hay que destacar las cosas muy positivas que está logrando esta Cuarta Transformación.

“Él lo que está tratando de hacer es reorientar el crecimiento del país, la ­inversión y las políticas sociales a los más vulnerables. Y creo que eso tiene un gran valor.”
López Obrador prometió que en su sexenio haría crecer la economía mexicana a un ritmo de 4% anual. De acuerdo con las proyecciones de la Cepal, para lograrlo la expansión del PIB tendría que promediar 4.6% entre 2020 y 2024.

–¿Cree que esto sea posible con el camino que está tomando el gobierno? –se le pregunta.

–Todo depende de tantos factores… pero creo que si México logra volver a poner en pie a la industria petrolera, si logra sacar de la pobreza a una gran cantidad de gente, si logra desmantelar privilegios y que la juventud participe de manera más directa (en la economía)… o sea, hay una serie de temas que vamos a mirar.

–¿Es realista plantearse ese crecimiento?

–Creo que hay que esperar. Es pronto para decirlo. El presidente está planteando un camino y es el que todos estamos, en este momento, observando y analizando.

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